Cuando David W. Johnson y Roger T. Johnson de la Universidad de Minnesota sistematizaron los resultados de más de 900 estudios sobre métodos de enseñanza, la evidencia apuntaba en una dirección inequívoca: los estudiantes que trabajan en estructuras cooperativas bien diseñadas obtienen mejores resultados académicos, retienen mejor el contenido y desarrollan actitudes más positivas hacia el aprendizaje que quienes compiten o trabajan en solitario.

Esos hallazgos no son nuevos. Lo que sí es nuevo es el contexto normativo español. La LOMLOE, plenamente en vigor desde el curso 2023-2024, sitúa el aprendizaje cooperativo como una metodología coherente con sus principios centrales: el enfoque competencial, la inclusión y la evaluación continua y formativa. Para el profesorado que quiera implementarlo de forma efectiva, esta guía recorre el camino desde la teoría hasta el aula, con técnicas concretas y criterios de evaluación aplicables desde primaria hasta secundaria.

900+
estudios sobre aprendizaje cooperativo sistematizados por David y Roger Johnson en la Universidad de Minnesota
Source: Johnson & Johnson, Universidad de Minnesota

¿Qué es el aprendizaje cooperativo y por qué es vital en la LOMLOE?

El aprendizaje cooperativo no es trabajo en grupo. Un grupo de cuatro alumnos donde uno hace la tarea y los demás esperan comparte superficie, no aprendizaje. La diferencia estructural reside en que, en el aprendizaje cooperativo, el éxito de cada miembro depende del éxito de los demás.

Johnson y Johnson lo definieron como una situación de aprendizaje en la que los objetivos de los participantes están vinculados de tal forma que cada uno puede alcanzar los suyos solo si los demás también los alcanzan. Spencer Kagan, investigador de la Universidad de California, desarrolló posteriormente un sistema de estructuras cooperativas reproducibles con una amplia adopción internacional.

¿Por qué encaja con la LOMLOE? La ley define un perfil de salida del alumnado articulado en ocho competencias clave, entre las que figuran la competencia ciudadana y las competencias personales, sociales y de aprender a aprender. Ninguna de las dos se desarrolla de forma significativa trabajando en silencio e individualmente. La norma también apuesta por la inclusión como principio transversal, y la investigación realizada en la Universitat Autònoma de Barcelona confirma que los entornos cooperativos mejoran el rendimiento académico, especialmente en grupos heterogéneos donde conviven distintos niveles de competencAl eliminar los estándares de aprendizaje evaluables y ampliar la libertad metodológica del profesorado, la LOMLOE crea el margen legal y pedagógico para diseñar situaciones de aprendizaje cooperativas sin contradicciones curriculares. Esta flexibilidad es uno de los aspectos más valorados del marco normativo, aunque la ambigüedad de algunos elementos curriculares sigue siendo un reto para parte del profesorado.

Cooperar no es colaborar

La colaboración es trabajar juntos hacia un objetivo común. La cooperación añade una capa estructural: la interdependencia es positiva y está diseñada, no espontánea. Esta distinción determina si el aprendizaje realmente se distribuye entre todos los miembros del equipo o queda concentrado en uno o dos.

Los 5 pilares fundamentales de la cooperación en el aula

Johnson y Johnson identificaron cinco condiciones que deben cumplirse para que el trabajo en grupo sea genuinamente cooperativo. Sin ellas, los grupos pueden funcionar, pero el aprendizaje no se garantiza ni se distribuye de forma equitativa.

Interdependencia positiva

Los alumnos perciben que solo pueden tener éxito si los demás también lo tienen. Esta condición se diseña: dividiendo los materiales (cada miembro recibe una parte de la información), asignando roles complementarios o estableciendo una meta grupal vinculada al aprendizaje de todos.

Responsabilidad individual

Cada alumno es responsable de su propio aprendizaje y del éxito del equipo. Las estructuras que no garantizan esta condición producen el conocido "efecto polizón", donde uno o dos estudiantes cargan con el trabajo de los demás. La responsabilidad individual se asegura evaluando a cada alumno de forma independiente, además de evaluar el producto colectivo.

Interacción promotora cara a cara

Los alumnos se explican conceptos mutuamente, se animan y se enseñan. La investigación sobre el efecto tutor entre iguales demuestra que explicar algo a otro consolida el propio aprendizaje a un nivel superior al que se alcanza leyendo o escuchando. Esto requiere que los alumnos estén orientados físicamente unos hacia otros, no todos mirando al frente.

Habilidades sociales

Pedir la palabra, dar retroalimentación constructiva, gestionar el desacuerdo: son habilidades que no emergen de forma espontánea. El profesorado debe enseñarlas explícitamente antes de pedir al alumnado que las practique en contextos de cooperación real.

Procesamiento grupal

Al final de cada sesión o proyecto, el equipo reflexiona sobre cómo ha trabajado: qué ha funcionado, qué hay que mejorar, qué rol ha desempeñado cada persona. Esta metacognición colectiva es lo que transforma un grupo en un equipo que aprende de su propia práctica.

Roles de equipo y formación de grupos heterogéneos

Cómo formar grupos que funcionen

El consenso en la investigación apunta hacia grupos heterogéneos de tres o cuatro miembros como el formato más productivo para el aprendizaje cooperativo en primaria y secundaria. Heterogéneo en género, nivel de competencia curricular y perfil de aprendizaje. Los grupos de dos tienden a ser demasiado simétricos para generar la interdependencia buscada; los de cinco o más permiten que algún miembro quede en los márgenes sin que nadie lo note.

La distribución del espacio importa: los alumnos deben poder mirarse a los ojos y acceder a los materiales compartidos sin dificultad. Las mesas en isla de cuatro o la configuración en U con subgrupos funcionan bien. Las filas tradicionales orientadas a la pizarra son incompatibles con la interacción promotora.

Roles dentro del equipo

Asignar roles explícitos es la herramienta principal para prevenir el efecto polizón. Cuatro roles clásicos que funcionan desde 5.º de Primaria:

  • Coordinador/a: gestiona el tiempo y asegura que el grupo siga el proceso.
  • Secretario/a: registra las decisiones y el producto del trabajo.
  • Portavoz: comunica los resultados al resto de la clase.
  • Controlador/a de calidad: verifica que el trabajo cumple los criterios establecidos.

Los roles deben rotarse en cada tarea o proyecto para que todos los alumnos practiquen todas las funciones. En primaria, conviene empezar con dos roles e ir añadiendo complejidad gradualmente a medida que el alumnado los interioriza.

Roles con pictogramas en Primaria

Plastificar tarjetas con el nombre y un pictograma de cada rol reduce la fricción de gestión y ayuda al alumnado a identificar rápidamente su función dentro del equipo. Una sola sesión de práctica con los roles antes de usarlos en una tarea real marca la diferencia.

Técnicas esenciales: Del Rompecabezas de Aronson al Folio Giratorio

1. El Rompecabezas (Jigsaw) de Aronson

Desarrollada por Elliot Aronson en la Universidad de Texas en Austin a principios de los años 70, es una de las estructuras cooperativas más estudiadas y reproducibles. El proceso se desarrolla en cuatro pasos:

  1. Se divide el contenido en tantas partes como miembros tenga cada grupo (tres o cuatro).
  2. Cada alumno estudia su parte y se convierte en experto.
  3. Los expertos de distintos grupos que tienen la misma parte se reúnen para consolidar y profundizar su comprensión.
  4. Cada experto vuelve a su grupo original y enseña su parte al resto.

El Rompecabezas funciona especialmente bien en temas segmentables con claridad: las causas de la Primera Guerra Mundial, los sistemas del cuerpo humano, los tipos de ecosistemas o las etapas de un proceso histórico. La evaluación individual sobre el contenido completo obliga a cada alumno a aprender lo que explican sus compañeros, no solo su fragmento.

2. Folio Giratorio

Una estructura de producción escrita cooperativa, fácil de implementar desde los últimos cursos de primaria. Un folio circula entre los miembros del grupo y cada uno añade una aportación antes de pasarlo al siguiente. Puede usarse para lluvia de ideas, para construir definiciones colectivas o para revisar el trabajo de los compañeros. La clave está en que la contribución de cada miembro sea visible y trazable, lo que facilita tanto la evaluación como el procesamiento grupal posterior.

3. Cabezas Numeradas (Numbered Heads Together, Kagan)

Spencer Kagan diseñó esta estructura para garantizar que todos los alumnos preparen una respuesta, no solo los más rápidos o los más seguros. El proceso: se numeran los miembros del grupo del 1 al 4. El docente plantea una pregunta y el grupo discute la respuesta en conjunto. Luego se llama un número al azar: ese alumno, en todos los grupos simultáneamente, expone la respuesta de su equipo. Nadie sabe de antemano quién va a hablar, lo que activa la responsabilidad individual de forma eficaz.

4. Piensa, Comparte, Pone en Común (Think-Pair- Share)

Útil para introducir o cerrar una sesión. Funciona en tres momentos: el alumno piensa en solitario durante uno o dos minutos con anotaciones escritas, luego comparte su reflexión con el compañero de al lado y, finalmente, algunas parejas exponen sus conclusiones al grupo clase. Esta secuencia resulta especialmente eficaz en secundaria para trabajar textos complejos, fuentes primarias de historia o problemas matemáticos abiertos, porque el tiempo de reflexión individual protege la participación de los alumnos más reflexivos frente a los más impulsivos.

Herramientas digitales para la cooperación híbrida

La interdependencia positiva no desaparece cuando el aprendizaje se traslada a un entorno digital o híbrido. Lo que cambia es el soporte.

Padlet permite crear tableros colaborativos donde cada miembro del grupo añade su aportación en un espacio visual compartido. Puede usarse para un Folio Giratorio digital, para recoger fuentes de investigación o para hacer una revisión por pares estructurada. La trazabilidad de las aportaciones individuales simplifica la evaluación del proceso.

Miro resulta especialmente útil en secundaria para proyectos de mayor duración. Su lienzo de trabajo permite operar simultáneamente en mapas conceptuales, esquemas de planificación o storyboards, con todas las aportaciones visibles en tiempo real. Los comentarios y reacciones dentro de la plataforma generan el procesamiento grupal que normalmente ocurre de forma oral en el aula presencial.

Google Workspace (Docs, Slides, Forms) ofrece la ventaja de estar ya disponible en muchos centros educativos españoles. Un documento compartido con secciones asignadas a cada miembro del equipo reproduce la estructura del Rompecabezas en formato digital. La función de historial de versiones permite al profesorado ver quién ha contribuido qué y en qué momento, lo que resuelve una de las principales fricciones de la evaluación cooperativa en entornos virtuales.

Un aspecto que vale la pena subrayar: las herramientas digitales no garantizan cooperación por sí solas. Un Google Doc donde solo escribe un alumno y los demás observan es tan poco cooperativo como una mesa física donde ocurre lo mismo. La estructura sigue siendo responsabilidad del docente, independientemente del soporte.

Evaluación y rúbricas: Cómo calificar el proceso y el producto

La LOMLOE apuesta por una evaluación continua, formativa y orientada a las competencias. El aprendizaje cooperativo encaja bien con este modelo, pero plantea una pregunta práctica concreta: ¿qué nota se pone?

La respuesta más operativa es separar dos dimensiones de evaluación.

Dimensión 1: El producto del equipo. La presentación, el informe, el mural o el proyecto que el grupo produce conjuntamente. Esta dimensión se evalúa con criterios de calidad relacionados con los saberes básicos y las competencias específicas de la materia.

Dimensión 2: El aprendizaje individual. Una prueba corta, un cuestionario oral o una tarea escrita que cada alumno realiza de forma independiente sobre el mismo contenido. Esto garantiza que la calificación refleja el aprendizaje de cada persona, no simplemente su pertenencia a un equipo que ha trabajado bien.

Una rúbrica sencilla para evaluar el proceso cooperativo puede incluir cuatro indicadores observables:

IndicadorNivel básicoNivel intermedioNivel avanzado
Participación equitativaUn miembro domina la actividadParticipación desigual pero presente en todosTodos contribuyen de forma equilibrada
Gestión del desacuerdoSe evitan conflictos o quedan sin resolverSe llega a acuerdos con ayuda del docenteEl equipo gestiona el desacuerdo de forma autónoma
Apoyo entre igualesNingún miembro apoya a otroApoyo puntual ante dificultadesLos miembros se explican y enseñan mutuamente
Procesamiento grupalNo hay reflexión sobre el procesoReflexión superficial o dirigidaEl equipo identifica fortalezas y mejoras de forma concreta
Una nota de honestidad sobre los datos disponibles

No existen todavía datos oficiales del Ministerio de Educación y Formación Profesional que cuantifiquen cuántos centros educativos aplican el aprendizaje cooperativo de forma sistemática tras la implantación completa de la LOMLOE. Lo que sí existe es evidencia de que la barrera más habitual no es normativa sino formativa: implementar estructuras cooperativas de forma rigurosa requiere práctica sostenida y, con frecuencia, formación específica que no todos los equipos docentes han recibido todavía.

Lo que esto significa para tu aula

El aprendizaje cooperativo no se implementa en un trimestre ni se activa simplemente reorganizando las mesas en grupos. Requiere que el profesorado enseñe habilidades sociales de forma explícita, diseñe la interdependencia con intención y evalúe tanto el proceso como el resultado de forma separada.

El marco de la LOMLOE elimina obstáculos normativos que antes podían justificar la resistencia al cambio metodológico. La libertad curricular está ahí. Los cinco pilares de Johnson y Johnson, las estructuras de Kagan y las técnicas descritas en esta guía son el puente entre esa libertad y una práctica de aula concreta, reproducible y coherente con el enfoque competencial de la ley.

Empezar con una sola estructura de aprendizaje cooperativo, como el Think-Pair-Share o el Folio Giratorio, en una unidad de la próxima semana es suficiente para empezar. La coherencia metodológica viene con la práctica, y la práctica acumulada es la que transforma la norma en aprendizaje real para el alumnado.